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1980-1983
Y con las férulas continué mi vida. Y entonces vino el gran cambio, la gran sorpresa: mis piernas dejaron de romperse. A los trece años, en la playa, tuve la última fractura. Y al año siguiente, con catorce, el último suceso: una fisura de cadera.
Y nunca más Santo Tomás.
En total fueron unas 25 fracturas más o menos (nunca llevé la cuenta, la verdad).
Los primeros sorprendidos (y aliviados) fueron mis padres. A ellos ya les habían advertido que podía pasar, pero no creyeron que fuera de una forma tan fuerte. Además, mi cuerpo cambió completamente. Empecé a comer con normalidad, a tener apetito (engordé diez kilos en apenas un año), me vino la menstruación, se acabaron las torceduras y las tortícolis, y me sentía muy fuerte. Dejé de tener el aspecto frágil que me caracterizaba. Además (para qué negarlo) me encantaba que todo el mundo me dijera que estaba muy guapa.
1983-2002
Las férulas las llevé hasta los 16 años, por pura precaución. Y entonces decidí que me las sacaba y empecé a apoyar los pies en el suelo, cada vez más fuerte (y siempre pensando, ahora viene cuando las tibias harán 'catacrac'). Pero no.
Me ofrecieron operar la curvatura de la pierna izquierda, pero yo dije que nanay de la China, que si no se rompía, por mí se podía quedar tal cual.
Primero empecé a andar como si fuera una mona (muy práctico por cierto) apoyando las manos en el suelo y con las piernas rectas, luego levanté el cuerpo y empecé a agarrarme a los muebles, y luego me compré unos bastones y empecé a practicar, siempre con la ayuda de una persona de la que me cojo del brazo. Resumiendo, como la evolución del hombre más o menos. Y he llegado hasta donde he podido: combinando la silla de ruedas (qué gran invento) y los bastones, puedo hacer todo lo que me proponga.
Marzo 2004 En esta fecha la OI me jugó
una mala e inesperada jugada. Empecé a tener dolor de espalda muy intenso en la
parte lumbar. Tras un vía crucis de un año (doctores que no sabían muy bien a
qué se podía deber, todo tipo de diagnósticos varios, todo tipo de pruebas,
viajes a diferentes centros...)sigo desde febrero de 2005 y tras un ingreso de
15 días, un tratamiento con pamidronato y otro contra el dolor a base de
opiáceos y benzodiacepinas.
Evidentemente, he tenido que dejar de trabajar y me encuentro
(junio de 2005) en pleno papeleo para que la Seguridad Social me reconozca el
100% de incapacidad. Todo esto va acompañado de la consecuente depresión por el
cambio que ha supuesto en mi vida. Pero aquí estoy y sigo luchando para mejorar
mi calidad de vida y que vuelva a ser lo más parecida posible a como era antes,
aunque tal vez no pueda ser igual. El desgaste óseo no perdona y mi
recomendación a todos
los que pasan de los 30 es que se pongan en manos de buenos traumatólogos y
reumatólogos para paliar el paso del tiempo, que aunque no queramos, nos afecta
más que al resto de la gente.
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