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1968-1977
Pues efectivamente, las fracturas empezaron a sucederse, siempre en las piernas y normalmente sin causa aparente. A temporadas (cortas) conseguí andar un poco, siempre cogida de la mano de alguien. Pero a los pocos meses ocurría otra fractura y vuelta a empezar. Me colocaron clavos intramedulares en ambas tibias que en mi caso no dieron demasiado buen resultado ya que me provocaron también fracturas incluso con perforación del hueso y casi de la piel. A los ocho años me los sacaron (la verdad es que presentaban más complicaciones que ventajas). A los nueve me colocaron una especie de 'alambres' que me atravesaban en horizontal la pierna derecha por debajo de la rodilla y por encima del tobillo y los llevé unos tres meses. No sé si será debido a este tratamiento o a que mi pierna ya estaba de por sí bastante chunguilla, la cuestión es que se quedó 5 cm más corta que la otra.
Durante estos años fui dos veces por semana a fisioterapia (5-7 años). Me hacían masajes, hacía gimnasia, me ponían bajo una lámpara de rayos infrarrojos…y yo me lo pasaba bomba, porque también cantábamos y explicábamos cuentos. De los 7-9 años hice fisioterapia 'intensiva' en casa con un triciclo amarillo maravilloso que me dio mucha independencia (y a mi madre también).
Hasta los 7 años crecí lentamente, pero crecí, que es lo que cuenta, y a partir de ahí la cosa ya se frenó. Los otros niños continuaron para arriba y yo no. Lo que hasta entonces había sido 'es una niña bajita' se convirtió en "¿¿¿cuántos años has dicho que tienes???". Muy pronto todos los niños me sacaron dos palmos. Y yo lo vivía feliz y contenta, porque lo de la altura siempre me ha traído sin cuidado (antes y ahora).
Durante estos años también eran frecuentes las magulladuras, las torceduras, la tortícolis…y sobretodo, y para desespero familiar, la falta de apetito y una delgadez extrema.
Pero por otro lado, nunca tuve ninguna otra complicación ni enfermedad, exceptuando alguna propia de los niños como el sarampión, y una miopía que se corrigió con unas gafas adecuadas, naturalmente.
Todo mi cuerpo, aunque pequeño y escayolado, funcionaba perfectamente.
1978-1980
Aquí vienen unos años durillos, yo creo que en cierta manera porque también los recuerdo más, ya que yo ya tenía entre 9-12 años. Las fracturas en la pierna derecha (a media tibia) se repetían muy a menudo, llegando a empalmar tres escayolas seguidas. Yo creo que tal vez estuviera relacionado con el crecimiento. En esa misma pierna me colocaron una 'varilla' por el interior del hueso (no llegaba a ser un clavo) que asomaba por la planta del pie, como un 'alien'. Pero el 'alien' se infectó y me dieron unas fiebres tremendas y de urgencia, tuvieron que sacármelo.
Total, que a los doce años los médicos decidieron colocarme unos protectores (férulas) de poliuretano en ambas piernas hasta la rodilla. Eran muy cómodas, se abrochaban fácilmente, se podían lavar y no daban calor. Sólo tenían el problema de que tenía que llevar zapatos algo más grandes de mi número porque si no, no podía meter el pie.
Mientras tanto, la tibia izquierda se fue curvando y así sigue, hecha un puentecito de nuevo diseño. Torcida, pero resistente como ella sola. Y también mi espalda empezó a tener una escoliosis, aunque no muy pronunciada.
También en esta época me llevaron a un congreso en Pamplona donde unos médicos extranjeros (no me acuerdo de dónde eran) me recomendaron un tratamiento 'experimental' con un medicamento en pastillas (no creo que fuera nada de Pamidronato) y que seguí durante un año. Al año sufrí una hemorragia del hígado y tuvieron que ponerme una transfusión de sangre. Evidentemente, el tratamiento no sólo no dio resultado, sino que casi me manda al otro barrio (que conste que mis padres estaban advertidos de que era 'experimental', pero nunca creyeron que llegara a ser perjudicial de esa manera, si no, lógicamente, no se hubieran arriesgado). También les propusieron seguir otro tratamiento con hormona del crecimiento a lo cual mi madre se negó en rotundo.
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